Reglas del pacífico: Si ves algo amarillo, nada. Si ves algo rojo, bebe raki.
Querido rakienlacarretera:
No es que quiera dar envidia pero ahora mismo estamos tomando nuestras piñas coladas en la playa y discutiendo nuestras quemaduras de sol J Fikret defiende que la piña colada con canela es boza (una bebida elaborada de trigo) y Metin, que a los de la raza superior Laz no les afecta el sol. Los falsos hippies suizos que tenemos detrás me están poniendo nerviosa tocando la mandolina.

Estamos en la ciudad costera de Zipolite. Esto es un destino vacacional que podemos encontrar en muchos puntos del mundo, con su arena blanca, sus muchos australianos desnudos, su pueblo local contento… El contenido de la conversación estándar se compone de “¿De dónde eres, tío?” “¿Cuánto tiempo llevas viajando?” “¿Has ido al último rainbow?”.
Ayer, en teoría, íbamos a un pueblo cerca de Oaxaca para conocer a la hija del chamán de la que supuestamente se inspiraron John Lennon, Bob Dylan y demás. Pero luego nos dimos cuenta de que ese pueblo estaba a cinco horas y no tenía nada que ver con nuestra ruta. Cambiamos de idea y nos fuimos hacia la costa.

Si no fuera por los campesinos que vendían gasolina, nos hubiéramos quedado tirados en una bonita carretera de las curvosas carreteras mejicanas. No nos quedamos tirados y además encontramos un asador llamado Rosticería y saciamos el hambre.


La asadora me adopto y riñó a Metin y a Fikret: “Son chicos muy majos pero no se puede ser mejicano si no comes carne (Metin) o queso (Fikret)”. Aunque a la señora no le haya gustado, estos tienen una tendencia increíble a mejicanizarse desde la primera semana. Se entienden de maravilla hablando en turco.
Ejemplo 1:
Metin: ¿Señora cómo exprime la naranja?
Señora (en español): Con la máquina, hijo.
Ejemplo 2:
Metin: Paremos y compremos agua aquí.
Fikret: Tienes que decir “agua”, tienes que decir “por favor”, tienes que contactar con los ojos.
Paramos y compramos agua.
Fikret: “Muchas gracias señor” (con acento turco) que le sea leve (en turco).
Señor: Gracias a ti, hijo. Que tengan un buen viaje.

Tal que, cuando nuestro GPS con cerebro de alubia, Juan Carlos, se confunde en la carretera, yo ya no saco la cabeza por la ventana para gritar a los camioneros. Metin les explica directamente en turco, con signos. A lo contrario de lo que nos habían asustado, en México no hay ningún bandido que nos pare en la carretera, por ahora. Son todos muy amables y sonrientes. El único problema es no poder encontrar un café decente para despertar al conductor.

En el último pueblo con vistas al océano que paramos, Fikret y yo pedimos chocolate caliente. Nos sirvieron un plato de pan con chocolate caliente en un bol de sopa y una cuchara. Metin que esperaba su café se burlo bastante de nosotros. Luego le sirvieron el mismo modelo, un bol de agua con un gramo de café. El conductor Metin, por obligación, se tuvo que callar y mojar el pan en el agua con pan. Le convencimos de que se había despertado y volvimos a las interminables carreteras con curvas.
Las curvas vaya pero a lo que no nos hemos podido acostumbrar es a los topes que las queridas carreteras mejicanas colocaron cada cinco kilómetros. Cada vez que saltamos, enumeramos en coro tacos típicos de los taxistas estambulitas a los “vibradores” y a los que trabajaron para su construcción. Nada más llegar a Zipolite después de librarnos de los topes montañosos nos metimos en una pensión. Luego nos servimos unos rakis de fatiga.


Siendo una persona que llevaba tres meses sin bajar de los 3000 metros de altura, estoy muy contenta de nuestro destino. Voy saltando pensando en que mis pies se han reunido con las sandalias y mi espalda con el sol. Sin embargo esos dos señores criticones se están quejando. Fikret no para de repetir que “Esto no es México”. Metin cree con una fe inquebrantable en que está en Goa, la India. Dice rupia en lugar de peso, chapati en lugar de tortilla y riksha a los mototaxis transformados de motocicletas. Hoy hemos recibido una invitación a una fiesta de Goatrance, genial

Todas sus quejas se acabaron cuanto cogieron sus libros y se tumbaron en las hamacas, por su puesto.


Después de tumbarnos durante suficiente tiempo, nos fuimos al agua confiando en la bandera amarilla que indicaba el riesgo de ahogarse en la playa.

Las banderas en la playa funcionan con el mismo razonamiento que los semáforos del tráfico. Rojo:”Te ahogarás seguro, lo mejor será que sigas tumbado en la hamaca”. Amarillo “Puede que te ahogues, nada con cuidado”. Verde: “Nada tío, que no pasa nada”. Pero, al parecer, con el amarillo también se tiene que tener cuidado. De hecho, el argumento de “Soy laz, yo no me ahogo” no le ha salvado a Metin de dar unas volteretas y de tragar bastante agua J

Tras este turística día, nuestra intención es pasar la noche tranquila y salir pronto por la mañana.

Anexo tras el raki: En nuestra última noche en Zipolite, aceptamos la realidad de que no hay mejicanos por aquí y nos adaptamos al ambiente internacional de socialización.

Cambiamos a modo de fiesta cantando en la playa. Cuando les dijimos “Dejen las cervezas, tenemos algo milagroso” a nuestros nuevos amigos, la cosa se animo.

De salvadoreños a franceses, todos en el ambiente, abrazaron el raki. Y nosotros nos entregamos a conversaciones de mochileros. Al final yo estaba leyendo la siguiente poesía al americano Steve:
“Rakı with ice,
Goes down very nice.
When you put it in your glass,
You feel first class.”

Pero cuando se acabo una botella de raki y la gente seguía preguntando, tuvimos que huir. Compartir es bonito por su puesto pero a nosotros nos queda mucha carretera por beber J
Mañana, si Dios quiere, volvemos a México. Os avisaremos cuando lleguemos.
Saludos, quereres,
Nur.